Cusco, 05 de noviembre de 2022
Llamaditas
El día 31 de octubre me llama un número desconocido a mi celular. No pude contestar, pero devuelvo la llamada. No me contestan. Paso el asunto como desapercibido.
Al día siguiente, 01 de noviembre, me vuelve a llamar el mismo número. Contesto. Me habla ¿una enfermera? del Regional. Me pregunta si estoy a cargo del RN DGIH. Le digo que sí. Me dice que ayer ha fallecido, que tienen que venir los familiares a recoger el cuerpo que está en la morgue.
Paso la voz a la mamá, a su wasap, pero extrañamente ella no lee mi mensaje. Cosa rara, porque siempre lee mis mensajes, especialmente en las tardes. Hay internet en su comunidad.
Vienen las sororas cósmicas
Llega el 02 y 03 de noviembre y nada, no tengo noticias de los familiares. Aviso al Centro de Salud de Salvación y ellos avisan a la Posta de la comunidad. El personal de salud de allá avisa a la abuela. La abuela me llama y llega al Cusco, junto a la mamá, el día 04 de noviembre a las 7:00 am.
Trámites de sepelio
Es viernes y empezamos la faena temprano, a las 9:00 am. Voy a la morgue y veo al niño envuelto en un plástico azul. Me dice el portero que primero tengo que ir a la oficina de Asistencia Social. La abuela y la mamá se adelantan.
En la oficina Social nos dicen que pidamos en el piso (en Neonatología) el Certificado de Defunción y que luego regresemos para que nos den el pase de alta. Subimos al tercer piso y hablamos con las técnicas y las enfermeras. Nos atienden rápido. Todas nos conocen; todas saben el caso del RN.
Certificado de defunción
Sale la médico residente. Nos dice que para el certificado de defunción requiere la partida de nacimiento. Solo tenemos el Certificado de Nacido Vivo. Nos dice que vayamos a la RENIEC para sacar el certificado de nacimiento. Hay un módulo de la RENIEC (oficina de registro civil) a dos pasos. Hacemos la cola. La persona que nos atiende observa: el certificado de nacido vivo es una copia del original, no vale; la mamá no tiene documentación y es menor de edad, no procede; este no es su distrito de inscripción, no se puede. Y concluye: tiene que regresar a su distrito y sacar el certificado de nacimiento en la municipalidad de su provincia. También tiene que estar el padre del niño ya que ella, por ser menor de 14 años, no puede inscribir al niño. Si no puede el papá, entonces la abuela (la mamá de la mamá).
De hambre y desanimados nos vamos a comer. Se me ocurre llamar a Valeria, la enfermera de la DIRESA que nos ayuda en los trámites. Ella llama al jefe de la RENIEC. Luego de un rato me llama la persona que nos atendió y me dice que regrese, pero a las 2:30 pm., que nos dará el documento que estamos solicitando.
Almuerzo
Nos vamos a mi casa a almorzar. En el camino hacemos un entierro bajo, un pequeño refrigerio. La reinita, en casa, nos acoge con el almuerzo. Las sororas descansan un poco y luego otra vez al hospital.
Más inconsistencias
La persona de la RENIEC tiene en la mente --recibe la orden de un tal "Oscar"-- que debe darnos el Certificado de Nacimiento sí o sí. Primero firmamos una declaración jurada en donde la mamá "jura" que perdió el original del Certificado de Nacido Vivo. Resulta que había procedimiento para eso, pero la funcionaria no lo dijo en su momento. Luego, la funcionaria trata de resolver el hecho de que la mamá es menor de edad y está indocumentada. La computadora --de la que no se despega-- le dice que sí hay esa opción, que solo tiene que marcar un casillero. Bien, marca el casillero. El siguiente paso es verificar el parentesco de la abuela. ¡PUM! Salta el chupo, los apellidos no coinciden. La abuela se apellida mengano y la nieta sutano. Explicamos con profundidad los temas sociales indígenas:
- La mamá adolescente vivía con su mamá, pero ésta nunca la inscribió. Solo tiene partida de nacimiento que no sabemos dónde esta.
- El papá de la adolescente está no habido. Además, no quiere reconocer a la hija.
- La adolescente se fue a buscar a su abuela paterna, con quien ahora vive.
- La abuela paterna la acoge.
- La adolescente se enamora y sale embarazada. La pareja es otro menor de edad, que también duda de la paternidad.
- En conclusión: aquí presentes la mamá adolescente del RN, la abuela paterna de la mamá (y viceabuela del RN), y un idiota que la hace de voluntario (o sea yo).
No, la funcionaria no entiende razones, pero sin embargo tiene razón, no se puede comprobar por ninguna parte que la abuela es la abuela, y que la menor, indocumentada, es pariente de la abuela. El trámite cae estrepitosamente. Además, la funcionaria encuentra más inconsistencias: la inscripción es extemporánea (tiene tres meses de retraso).
La funcionaria llama a Oscar, el Gran Jefe, y le explica con dificultad la situación. Oscar declina de su orden inicial. No procede. No hay Certificado de Nacimiento.
No nos rendimos
Exponemos el caso a la médico residente. Ella entiende --o se hace la que entiende--. Entra donde la doctora y sale con la noticia de que no procede, que se requiere el código del Certificado de Nacimiento para llenar el Certificado de Defunción. Insisto para hablar personalmente con la médico. No me dejan. Espero a que salga y sale. La abordo. Le explico. Hay una salida, que emita el Certificado de Defunción como si el difunto fuese un desconocido, un NN. La médico lo duda y nos dice: "consultaré con el doctor tal, el jefe del área", y se va. Son las 5:00 pm y ya estamos rendidos.
Pernocte
Llevo a las sororas cósmicas al hospedaje cerca al hospital. Mañana seguiremos intentando. Pero la idea que cuajamos es la siguiente: que la mamá y la abuela regresen a Salvación y allí saquen el certificado de nacimiento, y luego que me lo envíen para yo tramitar el Certificado de Defunción con la médico de Neonatología.
Abandono
Hoy, sábado 06 de noviembre de 2022, a las 8:00 am llamo a la abuela. Le digo que de que vaya nomás, que tome su carro a Salvación y que allá haga el trámite. Ella lo duda, tiene miedo de que declaren en abandono al niño, quien ya lleva seis días en la morgue. Tiene miedo de que la denuncien por abandono.
Recuerdo que en algún momento, los tres, abuela, mamá y yo, conversamos sobre esa posibilidad de dejar al niño a su suerte en la morgue del hospital, justamente para que el hospital arregle el asunto. No mentiré, con tanto trámite, nos dio ganas de dejarlo todo en manos del hospital, para que ellos solucionen. Según nos enteramos, si así hubiera sido el caso, el niño hubiera terminado en una fosa común.
Por si acaso
Mientras hablo por teléfono con la abuela, le digo que se vaya a tomar su carro al paradero Control de San Jerónimo. Ella acepta. Está dispuesta a irse y seguir el trámite en Salvación. Luego le pregunto si sabe llegar al paradero Control, y ella me responde:
--No, no hermano, no sé cómo llegar, aquí mi nieta tampoco, para qué te voy a decir que sé llegar al paradero cuando no sé cómo llegar.
--¿Dónde estás ahorita?
--En el hospital --me responde--, hemos salido del hospedaje y hemos venido al hospital a desayunar.
Se me parte el corazón. Ellas abrigan todavía la esperanza del trámite; todavía creen que la burocracia tiene corazón.
Ni modo, tengo que ir a darles alcance y llevarlas al paradero. Pero, cuando llego y las veo, les digo que entremos otra vez al hospital, que intentemos una vez más con la médico el asunto del Certificado de Defunción.
El Certificado
Los caminos del Señor son misericordiosos para quien persevera en la fe. Cuando llegamos al tercer piso, al área de Neonatología, y preguntamos por el Certificado de Defunción, una enfermera nos avisa: "justo ahorita la médico lo está llenando".
Mi corazón salta de entusiasmo, pero me tranquilizo, porque por aquí cualquier rumor puede ser falso. Para cerciorarme, hecho un ojo al pasillo del fondo, donde está la médico. La veo concentrada en una ruma de papeles, revisando su celular una y otra vez y llenando los formularios. Se la ve atareada. Luego se para, pregunta por aquí y por allá algunos datos...
Yo me lanzo y entro al pasillo a la mala, a cuenta de que me boten --ya me habían botado una vez ¿se acuerdan de aquél médico con pinta de rondero-etnocacerista?--. La médico me ve y sin más me pregunta:
--Una consulta ¿de qué etnia era el paciente?
--Matsigenka, doctora.
--¿Cómo se escribe?
--Eme, a, te, ese, i, ge....
--A ver, mejor busco en Google... A sí, aquí está MACHIGUENGA.
Y mientras lee su celular, llena el formulario. Luego se acerca a las enfermeras y pregunta el número de ¿PREDES? del hospital. Como nadie le da razón, entonces también busca en Google (al parecer todo está en Google; ¡siendo así, tal vez puedo encontrar un Certificado de Defunción en Google y me ahorro todo este entuerto!).
--Bueno --dice ella--, ya está. Aquí tiene señor el Certificado, sácale tres o cuatro copias mejor.
--No doctora --interrumpe una enfermera--, no doctora, todavía no se le puede dar el Certificado, porque el niño debe dos unidades de sangre, así que tiene que ir al Banco de Sangre a reponer.
El Banco de sangrones
No, no se sorprenda ni se asuste estimado o estimada lector o lectora, no se caiga del asiento todavía. Le confieso que este asunto se veía venir. Yo ya sabía eso de la deuda de sangre, así que tenía un plan: solicitar, como en otras ocasiones, la exoneración. El trámite suena ridículo, pero es efectivo. Lo describo:
Primero: preguntar en el Banco de Sangre cuántas unidades se debe. Si debes más de dos unidades, ya fuiste, tienes que reponer nomás. Si debes dos unidades o menos, te pueden exonerar.
Segundo: solicitar al área de asistencia social una evaluación socioeconómica.
Tercero: comprar un Formulario Único de Atención y llenarlo. Hay que solicitar al director del hospital la exoneración de dos unidades de sangre.
Cuarto: ingresar el documento por Mesa de Partes del hospital.
Quinto: llevar el cargo y el documento de la evaluación socioeconómica al Banco de Sangre.
Sexto: ellos te dan un recibo en donde consta que has devuelto la sangre, pero anotan a mano de que fue una exoneración autorizada por el Director.
Séptimo: sacas tres o cuatro copias de este documento.
Octavo: llevas el documento al área correspondiente, en nuestro caso a Neonatología, y les das a las enfermeras encargadas.
Noveno: te entregan el Certificado de Defunción y te dicen que les saques cuatro copias.
Me salté un paso: rogar al funcionario/a del Banco de Sangre para que, viendo tu caso, sea posible la exoneración.
Trámites bancarios
Como, según yo, soy un experimentado en pedir exoneraciones, voy de frente donde la asistenta social y le pido el documento de evaluación socioeconómica. Ella me dice que no, que primero tengo que ir al Banco de Sangre, hablar con la Jefa del Banco y solicitarle a ella la autorización de la exoneración.
Felizmente, en mi teléfono tengo el número de la doctora. En algún momento conversamos y por allí nos conocimos. Bueno, le llamo, me contesta, me presento y me dice:
--Sí, sí, más o menos me acuerdo de usted.
Le cuento el drama que estoy pasando y me dice: ¡Claro! pero por favor averigüe cuántas unidades de sangre debes, sin son dos, podemos ayudarte; pero si es más lo siento mucho.
Voy corriendo a la ventanilla bancaria. Me atiene un tipo que me recibe con la pierna en alto, porque le dije que somos de comunidades nativas y queremos saber cuántas unidades de sangre debemos. El hombre se pone liso y asume que queremos exoneración solo por el hecho de que somos de comunidades nativas (claro que tenía razón, je, je, je). Empieza a cuestionarme y a increparme que porqué queremos exoneración, que debemos buscar familiares (¡los nativos no tienen familiares en la ciudad, y si los tienen, todos son de la selva, o sea gente que no puede donar!), que busquemos donantes (¡todos los voluntarios quieren cobrar S/. 250 soles por unidad de sangre, y eso está prohibido por ley, por ley de tráfico de órganos), que como Dominicos debemos convocar para donar, que eso sí es apoyo y no estar dando vueltas por el hospital pidiendo exoneración... Desde luego, tuvimos un leve altercado. Le insistí en que solo quería saber cuántas unidades debemos y listo. Sacó sus cuadernos y apuntes y nos dijo:
--Dos unidades, pero bueno, les podemos perdonar una, pero tienen que traer a un donante para que reponga la otra. Eso es todo, no hay más qué hacer.
--Señor --le digo--, ya que usted no nos puede ayudar, voy a buscar otros canales.
--Como quiera --me responde--, aquí estaremos.
Jefita
Salgo de la ventanilla y me siento al frente. Agarro mi teléfono y llamo a la Jefa del Banco de Sangre. Le digo:
--Doctorita, debemos dos unidades de sangre.
--Magnífico --me responde--, no hay problema, les vamos a exonerar padresito (ella cree que soy sacerdote, pero no me atrevo a corregirla, no conviene hacerlo ahora). Por favor --continúa-- vaya a la ventanilla y páseme con el encargado.... ¡Ah! ¿Está en la ventanilla? Bien, entonces páseme con el encargado.
--Señor, disculpe --me dirijo al hombre de la ventanilla--, la doctora quiere hablarle.
Mientras le paso el teléfono él me mira extrañado, luego mira el teléfono y lee el apellido de la doctora, su jefa, y medio dudando contesta:
--¿Aló?.... sí doctora, cómo no doctora, por su puesto doctorita, inmediatamente doctorita, como usted diga doctorita, en este instante doctora, sin problemas doctora, estamos para apoyar doctora, listo, listo, hasta luego doctora.
El hombre me entrega el teléfono y me dice:
--Bueno señor, hubo un malentendido, usted vino prepotente y por eso le trate así, pero bueno, le vamos a apoyar, haga usted esto y aquello y solucionamos el tema de inmediato.
Fue así que hice el paso uno, dos y tres que describí arriba sin problemas, pero me detuve en el cuarto (entregar el formulario a Mesa de Partes), porque ¡hoy es sábado y la ventanilla de Mesa de Partes no atiende! ¡Carajoooo!
Respiro, no me desespero. Tomo valor y entro a la Secretaría de Dirección. Pido una palabra con la secretaria y le explico el asunto. Ella me dice:
--Espere un momento, el director acaba de llegar, por favor espere afuera sentado.
No pasan ni dos minutos y ella sale con el formulario sellado y firmado por el director, quien autoriza la exoneración (yo solo quería que me pongan el sello de "recibido", pero milagrosamente obtuve la autorización del director del hospital). Luego me dice:
--Vamos, yo lo acompaño al Banco de Sangre para dejar el documento.
La sigo encandilado, mirándola por si la conozco, pero no, su rostro no es familiar en absoluto. Llegamos al Banco de Sangre y el hombre cuando la mira le dice:
--¡Jefita! Buenos días (¡todo el mundo sabe que las verdaderas jefas de una Dirección son las secretarias!).
--Hola, aquí vengo a dejar este documento del Padre. Ya el director ha autorizado, así que por favor agilicen el trámite.
--Claro jefita, no hay problema, también ya se tiene la autorización de la jefa del Banco de Sangre, así que no hay problema.
--Ya, listo --dice la jefa. Luego se voltea y me dice:
--Ya Padrecito, servido.
--Hermanita, gracias, que Dios te bendiga --respondo inclinándome--.
El hombre ya no estaba, como antes, todopoderoso, mirando a la gente como si fuera cualquier cosa desde su ventanilla; ahora estaba llenando formularios a nuestro favor.
El Certificado de Defunción
Ya con la exoneración en mano, regresamos al tercer piso para recabar el famoso Certificado de Defunción. La enfermera nos recibe el documento del Banco de Sangre y nos dice sorprendida:
--¡¿Le han exonerado?!
--Así es, hermana --le digo--.
--Mm.
Nos alcanza el Certificado mientras lee los detalles de la exoneración. Me mira, nos miramos, vuelve a ver el documento, me mira, nos miramos. Le cuesta soltar el Certificado pero lo hace; se ha convencido de que el documento es verdadero.
Mientras caminábamos a la morgue, leí el Certificado. Resulta que no se requería el número del Certificado de Nacimiento. En conclusión: a la reverenda doctora de Neonatología no le dio la gana de llenar el Certificado el día de ayer, porque, seguramente, no tenía antojo de ello. Quisiera decir que la médico tal vez estaba muy ocupada, en una operación u atendiendo casos urgentes --lo cual puede ser cierto--, pero a mí no me cabe duda de que los médicos aplazan como fuera el tedioso trabajo de "llenar formularios", mandando a la gente al desvío.
El féretro
Llamé a mi amiga de la funeraria "Puma" para pedirle un cajón y sus servicios, pero la abuela me detuvo. Tuve que colgar. Ella me explicó que si ponemos al niño de tres meses en un cajón, será difícil llevarlo a Salvación. Ningún carro de servicio público querrá llevar el cajón, y en caso quieran, nos cobrarían mucho dinero.
--¡Es cierto! --le digo--, y ahora cómo hacemos.
Claro que es cierto. Ya les conté las peripecias que tuve que pasar para despachar el cajón del RN de Tsirerishi o Maizal a Pillcopata y luego a Salvación.
--Me han dicho --continúa la abuela-- que es mejor ponerlo en una caja de cartón, como es chiquito nomás, y envolverlo con frazadas, y así lo llevamos como si no fuera un muertito. Así nadie dice nada y normal se lleva.
La cajita de cartón
Cambiamos de rumbo. Salimos del hospital y buscamos una caja del tamaño del difunto. En la puerta de una botica, en la avenida De La Cultura, encontramos arrumadas varias cajas vacías de medicinas. Entré a la tienda y pregunté si me podían vender una caja. Me dijeron que lleve nomás, que son gratis.
Las sororas y yo escogimos una caja de tamaño regular, ni muy grande ni muy pequeña, calculando el tamaño del cuerpo (80 cm de largo aproximadamente). Bueno, encontramos una buena caja, sólida, nueva, resistente.
La morgue
Fuimos a la morgue. No había nadie. Nos dicen que el portero de la entrada de emergencia del hospital, además, es el que atiende la morgue. Lo buscamos. Nos ve con la caja de cartón y nos dice "síganme".
Hacemos procesión: adelante, el morguero; detrás, yo con la caja; más atrás, las sororas, a paso lento y agarrándose de la mano.
Llegamos a la congeladora. Nos piden datos y esas cosas (más trámites). Firmo algunos documentos que ni leí (supongo que fue el acta de recepción del muerto). Entro a la congeladora y recojo al niño y lo acomodamos con frazadas en la caja de cartón. Cerramos la caja y otra vez la procesión: voy adelante, con la caja en manos; me siguen las sororas, calladas; atrás, el morguero, haciendo sonar sus llaves mientras camina. Es la única procesión fúnebre que habrá.
Hacia el paradero Control
Tomamos un taxi. Acomodamos la caja y nuestras cosas en la capota. El viaje fue el más silencioso de toda mi vida. Nadie dijo ni una sola palabra, ni el taxista, que tenía cara de conversador. Fueron 20 minutos silenciosos, reflexivos.
Pasajes para Salvación
Vamos a la empresa de transportes. Nos acogen con entusiasmo --solo quieren vender pasajes-- y acomodan nuestras cosas en el almacén rápidamente y con griterío. Aprovecho para comprar papel bond A-4, cinta de embalaje y plumón indeleble.
Bultos
En los papeles pinto FRAGIL y los pego en todos los lados de la caja. Luego envuelvo el "féretro" con una cantidad exagerada de cinta de embalaje, tan exagerada que quizás la persona que nos vendió los pasajes se puso a dudar.
Pan
Antes de embalar la caja, la abuela me hace notar que hay un espacio vacío, y que sería necesario rellenarlo con algo, ya que pueden aplastar la caja y develar sus secretos. Tiene razón. Salimos por las calles buscando algo para tapar el hueco sobrante... Se nos ocurre frazadas, pero no hay. Vemos una bolsa grande llena de pan chuta del Cusco. Ella y yo nos miramos y movemos la cabeza en complicidad. Compramos una bolsa de pan chuta de S/. 10 soles. Son panes grandes, redondos y gordos. Abro la caja y meto los panes encima del envoltorio fúnebre. Cierro la caja con la cinta de embalaje y mientras tanto le digo a mi cacera, la que me vendió los pasajes, "cacera, cuidado con esta caja, están yendo mis panes, quiero que lleguen enteritos". "Ya cacero --me responde--, no se preocupe, vamos a tener cuidado". Como ella vio el pan que entraba en la caja, seguramente toda duda de que allí había un muerto se esfumó.
Qué rico pan
Las sororas se van a las 4:00 pm. Llegaron a Salvación las 10:00 pm. Llamo a la abuela para saber si todo ha llegado bien. Me dice de que sí, que todo bien.
--¿Y los panes, cómo llegaron? --le pregunto--.
--Bien hermano, ya no los hemos comido, no podíamos desperdiciar.

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