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Mostrando las entradas de 2023

Fallece Heyli, de menos de un año

Cuando llegó, recién nacida, era un mamotreto. Flaca, pálida y con tubos por todas partes, incluso sangraba por la boca. La cuidamos, la mimamos, a ella y a su madre, Carla, una sonriente joven de veinte y algo años de edad.  Heyli, estuvo en el hospital un par de meses. Luego, le dieron de alta. Su diagnóstico, o mejor dicho sus diagnósticos, fueron: anemia, seudo artrosis y displasia de caderas. La trataron, desde luego. Incluso la operaron, pero antes le pusieron un arnés ridículo; Heyli parecía un pericote amarrado con tiras de cuero. Luego de la operación, le enyesaron las caderas, para que no se mueva, ya que el arnés no había funcionado. Carla y Heyli, estuvieron en Cusco nueve meses. Hicimos lo posible por brindarles un lugar dónde dormir (en la casa COMARU), dónde comer (en el CRIAR), dónde estar acompañadas por paisanas matsigenka, dónde acudir cuando se requería pañales, pañitos húmedos, víveres, pasajes, frutas y el antojito del pollo a la brasa. Gilber, el jefe de la c...

Médicos, ay los médicos...

He tratado con muchos médicos en mi vida. De niño, todos me parecían respetables y amables; sonrientes. De adulto, igual, siempre atentos y serviciales. Pero, ahora que trajino en los hospitales públicos, mi percepción de ellos ha cambiado radicalmente. Muchos galenos son déspotas y esquivos; en vez de dialogar con el paciente, le dan órdenes ininteligibles. En vez de curar, dañan el ánimo de la gente sencilla. Una cosa es el médico en su consultorio privado, y otra en el hospital público. Parecen dos seres distintos, distantes. Sin embargo, las dos historias de hoy no tratan del trato, sino de la ineptitud y de la indiferencia. Pero, no todo es desalentador lectoras y lectores, porque al final de esta descarga eléctrica hay una luz tenue de esperanza. Veremos. Hace dos meses o más, mi compañero, Vilmanuel, llevó a nuestro querido paciente Humberto al consultorio del traumatólogo, en el hospital Regional del Cusco. Humberto, fue operado hace un año del fémur izquierdo y queríamos saber...

Una Epifanía de la ayahuasca en el hospital

Reporte de cómo la ayahuasca puede generar malos entendidos y, también, suscitar esperanzas Estoy aquí, en el hospital Regional del Cusco, apoyando al muchacho Luis, un wachiperi de Shintuya. Me siento agotado. El majadero pidió alta voluntaria, pero su mamá, Gloria, aquí a mi lado, no quiere firmar los papeles. Bueno, con tanto lío me dio sed y fui a la tienda de Juvenal, el casero, por unos refrescos. Juve, medio ebrio, sentado en su silla de ruedas, me dice gagueando:  —Oooye ¿Tú cono, conoces a un nativo, pero así, bi, bi, bien nativo? —¿Cómo bien nativo? —Ooo sea, un na, na, nativo de verdad pues, uno de allá, de adentro, uno de, de, de verdad. —Sí, conozco a varios ¿Por qué? —Mi pa, pa, pariente está aquí, en el hospital, inter, internada. Ha tomado ayahuasca y ha empezado a ver cosas, ya no reconoce a su marido, ya no ha regresado dice, está ida… quie, quie, quiero que me avises si conoces a un na, na, nativo de verdad para que le llame su alma.  Conociendo a Juvenal, m...

Paciente de Tangoshiari: crónica del cupo, la cita y la interconsulta

Hace tres meses Karla y su hija están en la ciudad del Cusco. La paciente no es Karla, sino su hija, Heyli, quien fue internada en el área de pediatría del hospital Antonio Lorena. La paciente, junto a su madre, estuvo dos meses en el hospital y luego le dieron de alta. Para hoy le programaron una cita de control y me tocó acompañarla. Va la crónica de lo sucedido, pero antes, algunas notas previas para entrar en contexto. De Tangoshiari a Cusco Heyli nació en la comunidad nativa de Tangoshiari, distrito de Megantoni, provincia de La Convención, departamento del Cusco, Perú. Ni bien salió del útero, el personal de salud la transfirió, junto a su madre, al Centro de Salud Camisea, la capital del distrito. Luego la enviaron “volando” (quiero decir surcando rápidamente el río Urubamba) al Centro de Salud de Ivochote, donde fue inmediatamente referida, en ambulancia, a Quillabamba, la ciudad amazónica más importante del departamento del Cusco.  En el hospital de Quillabamba, la niña no...

Ana, los ojos del universo

Hoy es 24, viernes 24 de marzo de 2023. Estoy en la ciudad del Cusco, Perú. Como ya sabes, parte de mi trabajo es atender a pacientes indígenas amazónicos que llegan a los hospitales citadinos. Pero no son indígenas regulares. Se trata de gente que vive en las cabeceras de las cuencas, en zonas alejadas, de difícil acceso, casi escondidas (no por decisión propia, sino por exclusión). Son espacios protegidos por el Estado (al menos en el papel). La gente de estos lares vive, casi exclusivamente, de los alimentos que le provee el bosque y el río amazónico. No hablan castellano, solo su idioma, una variedad del matsigenka (familia lingüística arawak). Hace un mes llegó una de esas pacientes al Cusco. Es una joven de 18 años que le diagnosticaron el síndrome de Guillain-Barré (SGB), que, según el Dr. Google, es un trastorno del sistema inmunitario que daña las neuronas y causa debilidad muscular y a veces parálisis. Ella es Ana. La paciente ingresó al hospital y encargué a Vilmanuel, mi co...