Cusco, 15 de setiembre de 2022
Hoy se celebra al Señor de Huanca, el médico de los pobres. Me tocó hacerla. Yo salía del hospital luego de una jornada de visitas a los pacientes que atendemos. En eso se me acercó mi cacera, la que me vende ropa para los pacientes, y me dijo que hoy, muy temprano en la mañana, a eso de las 5:00 am, habían tres personas de la selva que estaban sentadas en la banca temblando de frío. Acababan de llegar. A eso de las 8:00 am, ella les hizo entrar para que les atendieran por emergencia. Mi cacera me preguntó extrañada "¿No los has visto, están con un niño?"
Yo estaba en mi bicicleta, en el mago blanco, dispuesto a ir a mi casa. Ya era medio día. Pensé un poco y di media vuelta, hacia la aventura, porque sabía que eran personas que habían llegado por su cuenta al hospital.
Historia
En efecto, los encontré sentados en una de las veredas del hospital. Tenían bolsas de comida que les habían invitado otras personas. También les habían regalado algo de ropa.
Les saludo en matsigenka y me responden de corrido. Ni modo, llamo a Vilmanuel y traduce. La historia es la siguiente:
La mujer, de 22 años, tiene un carcinoma hepático. Vinieron al hospital del Cusco con una referencia del hospital de Quillabamba. Le dijeron al hombre que la solución estaba en el hospital del Cusco, así que agarró sus cosas y vino. A la aventura, dejándolo todo en las manos de Dios.
En efecto, Dios responde de inmediato. Llegaron al Cusco y el taxista --no sé cómo-- los hace llegar a la puerta del hospital Regional. Allí los acoge mi cacera y los hace entrar. Alguien los guía a emergencia. Alguien les dice que tienen que sacar cita en oncología. Alguien hace la cola por ellos. Alguien habla por ellos en la ventanilla para que le saquen la cita. Alguien les da la cita para otro día muy, pero muy lejano. La gente --necesitada como ellos-- se apiada y buscan ropa, comida y tal vez un lugar en donde se puedan quedar esta noche...
Mientras el hombre habla con Vilmanuel, se me acercan varias personas y me cuentan los sucesos. Me dicen que les han estado apoyando con los trámites, pero que no logran encontrar un lugar para que duerman.
--Bueno gente --les digo--, apoyaremos también en lo que se pueda.
El esposo sigue hablando con Vilmanuel. Resulta que su señora ya tiene años con el problema del carcinoma. Fue a varios hospitales en Ayacucho (la frontera con el Cusco por el noroeste), pero ya la desahuciaron. Algún idiota les dio esperanzas y le dijo que vinieran al Cusco, que aquí le solucionarían el asunto.
Cita adicional
La única forma de acelerar esto es sacar una cita adicional el día de hoy, en el consultorio de oncología. Esto no es un trámite, es un rogativo. Tomo valor y voy con la gente al consultorio de oncología. Me recibe la enfermera y me dice que hoy el médico oncólogo de turno no vino, así que me sugiere que saque cita en cirugía oncológica, que prácticamente es lo mismo. Me dice que saque la historia. Hago el trámite y milagrosamente el tipo del archivo me da la historia con solo una orden por escrito de la licenciada. La misma licenciada entra al despacho de la médico oncóloga y deja la historia clínica. Estamos en línea, solo hay que esperar.
En efecto, la médico, al llegar (porque estuvo en otros asuntos), empieza a llamar a sus pacientes y al final nos llama. Entro con la paciente y el esposo (el niño queda afuera mientras tanto). La médico pone un tono severo y nos dice en voz alta "¡por favor, solo un familiar, nada más, el resto fuera!".
--Doctora --le digo--, por favor déjeme que le explique el caso. Mi nombre es Donaldo Pinedo, de los Misioneros Dominicos. Estas personas no hablan castellano, son de comunidades nativas. Ella es la paciente y él el esposo.
--¿Usted habla el idioma de ellos? --la médico baja el tono y como que sonríe sin roche.
--No, no, pero tengo al teléfono un traductor.
--A ver ¡llámelo pues!
Llamo a Vilmanuel y éste responde. La médico escucha su voz y sonríe otra vez. Hace las preguntas y Vilmanuel traduce. Luego de dos o preguntas, nos dice "ya, está bien".
Al notar su cambio --se volvió más amable-- le pregunté si ella conocía la selva. Ella me dijo que no, pero que conocía la voz del traductor, que éste ya había venido antes con otros pacientes de la selva con casos similares.
--Un momento --le dije--, ¿usted no habrá visto el caso de Rosita? (una paciente del año 2019 que atendimos por un tema similar).
--Así es --me responde--, yo la operé y estuve el día que falleció en el hospital. Ya sé quiénes son ustedes. Pero bueno, el caso es el siguiente: posible carcinoma terminal que ha hecho metástasis en todo el cuerpo. Pero tengo que estar segura. Por favor hágale estos análisis de sangre de inmediato. También una tomografía. Vaya y regrese. ¡Rápido!
Análisis
Bueno, este asunto de las pruebas de sangre y tomografías es un suplicio, pero las hicimos.
Estadía
No logramos tener todo en un solo día, así que por esta noche los acomodo en el hospedaje cerca del hospital. Mañana veremos.
Al día siguiente
Hoy es 15 de setiembre. Le encargo a Vilmanuel que recoja a la familia del hospedaje y los lleve al hospital. Así lo hace. Recibe los resultados y busca a la médico de ayer, pero no la encuentra, no está de turno. Pasa el día y por la noche los lleva a la Casa del Vicariato, donde se quedan dos noches más, hasta que la médico los atiende.
En efecto, el 17 de octubre, la médico les dice: confirmado, el cáncer ha hecho metástasis. Dos opciones: quimios agresivas (lo cual no asegura la recuperación) o que regrese a su comunidad para que le den calidad de vida. Vilmanuel pregunta al esposo qué quiere hacer. Éste dice: me voy a mi pueblo, pensé que aquí le solucionarían, pero no.
Dada la decisión, la médico le receta analgésicos poderosos a la paciente para su tránsito. Vilmanuel los acompaña al terminal terrestre. Ambos se van. Caso cerrado.
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