Cusco, martes 23 de agosto de 2022, día de San Donato
Va el reporte de un paciente de 12 años, Fredy, procedente de la comunidad nativa de Palotoa Teparo (distrito y provincia del Manu, departamento de Madre de Dios, Perú). El muchacho llegó hoy a las 7:00 am al Cusco. Está acompañado de su papá, Sergio, de 39 años.
El partidito
Es un domingo cualquiera en la Misión de Shintuya. Fredy, como siempre, juega al fútbol con sus compañeros y compañeras. Es portero. De pronto, divisa una pelota que viene hacia él. Sale con todo y se lanza al suelo por el balón. Lo coge, pero la patada del otro jugador, que venía con todo, choca en su cuello...
Cuatro horas después, Fredy despierta en el Centro de Salud de Pillcopata, a más de 150 kilómetros de distancia. Estuvo inconsciente durante el traslado y dicen que tuvo casi cuatro pre-infartos. Fredy me dice que se ofuscó por el hecho de haber despertado en otro lugar y no tanto por el hecho de haber recibido tremenda patada.
Hacia el Cusco
Fredy resiste en el Centro de Salud de Pillcopata el día lunes. La gestión hospitalaria está tratando de trasladar al muchacho al Cusco, pero no hay logística o no hay paso en la carretera. Nadie sabe. Deciden enviar a Fredy y a su padre por transporte público al día siguiente. La referencia hospitalaria dice: "consulta externa al área de neurología". El diagnóstico dice: "cefalea, trastorno neurológico, epilepsia".
En Larapa
Fredy y Sergio salen de Pillcopata hoy a la 1:00 am y llegan al Cusco a las 7:00 am. Otros pacientes matsigenka que están en Cusco, Ángel y Dora, los recogen en el paradero y los llevan a una casa en la urbanización Larapa.
Otros matsigenka
Ángel y Dora son don matsigenka que están en Cusco, también por razones de salud. Ángel tiene el pie destrozado por pisar una trampera (trampa para animales que activa una escopeta). Dora, su madre, lo acompaña. Dicen que ya están meses en Cusco y viven en una casa que le pertenece a un coordinador de un proyecto de captura de carbono que trabaja en la comunidad nativa de Palotoa Teparo (¿?).
![]() |
| Dora y Ángel. Se alegraron de ver fotos de sus familiares de Palotoa Teparo cuando se las mostré |
Fredy y sus prioridades
Fredy es un joven despierto. Lo encuentro tiritando de frío en la sombra, pero pronto se recupera al buscar el sol. Lo veo bien, como si nada. No parece haber sufrido lo que dice haber sufrido. Aún así le pregunto:
--Hola ¿Cómo estás?
--Bien --me dice--, y luego agrega con una sonrisa curiosa: ¿Dónde tiñen el cabello?
A penas nos conocemos y ya me hace una pregunta que para él, no puede esperar. Al parecer, el muchacho que estuvo desmayado cuatro horas y pasó por cuatro episodios cardiacos, tiene como prioridad no su salud, sino teñirse la "cresta" de color verde.
![]() |
| Fredy en la barbería, alucinando con su teñido. Primero dijo que quería color verde y luego me pidió un consejo. Yo le dije, bromeando, "amarillo, igual que el polo de tu papá". Estuvo de acuerdo. |
Al Regional
La referencia es al hospital Regional, por consulta externa. El padre César, de la Misión de Shintuya, me dice que mejor intente en una clínica, por la vía privada, ya que el tiempo es dinero y también oportunidad: Fredy no puede darse el lujo de perder días de clases (está en el primer año de secundaria). Así, cuanto más rápido regrese al internado, mejor.
Vamos al regional, a esperar un milagro, a ver si algún alma caritativa nos atiende una consulta externa, a ver si alguien nos da una cita adicional en el área de neurología.
Rogativo
Vamos de frente al consultorio de neurología. Hay gente por todas partes; a penas se puede caminar por los pasillos. Mi plan es hablar con el médico de turno para rogarle un cupo adicional, pero me encuentro con un anuncio demoledor en la puerta: "no hay cupos adicionales, no insistir". El impreso está firmado por tres médicos. Aún así, pongo mi carita de gato desconsolado y la enfermera de turno me dice el apellido de la médico que está atendiendo: Candia. Milagrosamente me grabo el apellido. Esperamos a la médico un buen rato y finalmente sale de su consultorio. La abordo, pero ella ya está de salida. Mientras caminamos --mejor dicho, mientras la sigo casi corriendo-- le explico la situación. Ella comprende y se detiene. Cortésmente me da una salida: "ven el jueves y yo misma te atiendo, pero ven temprano".
A la clínica nomás
Como dije, Fredy no puede darse el lujo de quedarse en Cusco hasta el jueves, tiene que regresar a sus clases. Así que no pierdo más tiempo y decido llevarlo a la Clínica San Juan de Dios, a unos minutos caminando.
San Juan de Dios
La orden de San Juan de Dios es bastante conocida en Cusco (y al parecer en el mundo). Su clínica tiene precios sociales, al menos eso pensé. Bueno, de todas formas, pasar de un hospital público a una clínica es como pasar de un hospedaje de media estrella a un hotel de cinco estrellas. Sí, la diferencia es abismal.
Si quieres atención rápida, paga nomás
Así es, estar en este "hotel" de cinco estrellas tiene su costo. La consulta en neurología, S/. 80 soles; el electroencefalograma, S/. 250 soles; la tomografía, S/. 350 soles; la consulta en cardiología, S/. 75 soles; el electrocardiograma, S/. 40 soles; la copia de informes médicos, S/. 30 soles.
Desde luego, cuando tienes seguro de salud en un hospital público, como es el caso de Fredy, gastas a lo mucho unos cuantos soles para sacar fotocopias. Pero claro, a veces, tienes que comprar una medicina o un análisis clínico que no tiene el hospital.
El baño de la Clínica paga los platos rotos
Con esos costos que me pone la Clínica, aprovecho al máximo los servicios higiénicos. Hago el uno, el dos y hasta el tres. Uso harto papel higiénico y me lavo las manos con harta agua y jabón. Uso un buen rato el secador eléctrico de manos y disfruto el reflejo de las lozas limpias y sépticas. Me miro en el espejo varias veces y me guiño como diciendo "te la estás cobrando todas Donaldo".
Con el neurólogo
Fue la cita más corta de mi vida. No duró ni cinco minutos, ¡y eso que pagué S/. 80 soles! Estos médicos de ahora son unas máquinas para preguntar y responderse a sí mismos. Te sacan las respuestas y al toque las escriben en su computadora con la velocidad de un mecanógrafo. Impresionante. Luego de tres preguntas, la conclusión del médico fue: "el muchacho tiene que hacerse un electroencefalograma y una tomografía... pasen por caja".
Electroencefalograma
Casualmente, hay una persona en el consultorio del neurólogo que hace los electroencefalogramas computarizados (cuanto más rimbombante el nombre, más costoso el asunto). Bueno, pagamos y acostamos a Fredy para la prueba, pero algo sale mal a los 20 minutos. La prueba no está funcionando porque el fregado de Fredy tiene gel para peinar en su "cresta", y la alta tecnología --tan sensible y sofisticada--, no funciona con la moda de un adolescente que tiene las hormonas alborotadas.
![]() |
| Fredy durante el electroencefalograma. No sabía que su gel para el cabello estaba contraindicado para tan finos y delicados instrumentos |
Fredy tiene que lavarse y secarse el cabello. Ni modo, buscamos una barbería y por seis soles le lavan el cabello con agua caliente, shampo y acondicionador, y se lo secan. Fredy sale molesto, porque este "maltrato" le malogró su look inicial. Ahora, sin el gel, parece un gallo asustado.
![]() |
| Fredy, reconfortado mientras le echan agüita caliente y shampo en la barbería |
Fredy aprovecha que está en la barbería y pregunta por el precio de una teñida de cabello. Los estilistas, con su estilacho dulce y afeminado, le dicen: "Para ti papi, a cien soles nomás". Fredy se queda callado y luego me confiesa que en Salvación, la capital del distrito de donde él proviene, el costo de la teñida es de S/. 20 soles. Parece que Fredy vino al Cusco por nada.
Tomografía
Luego del electroencefalograma, nos vamos al tomógrafo. Allí no hay novedades para contar. Todo fue tranquilo. A Fredy no le llamaron la atención los aparatos ni nada de eso, solo mencionó que adentro hacía más frío.
Cardiólogo
Sacamos cita en cardiología, porque Fredy se quejó de dolores en el pecho y cansancio al subir las escaleras. Además, un gran amigo que lo conoce, Alex, me dijo que Fredy tenía antecedentes del corazón.
Esperamos una hora al médico. Felizmente nos atiende y luego del electrocardiograma nos dice que no hay nada inusual, que todo está en orden. Explica que el cansancio de Fredy puede ser por falta de condición física, por la tos que tiene o la altura del Cusco. Finito.
Salimos del consultorio y no vemos a Sergio, el padre de Fredy. Ha desaparecido. Lo dejamos sentado aquí mismo y no hay. Buscamos aquí y allá y no lo encontramos...
Oftalmólogo
¿Dónde se ha metido?... Preguntamos a una persona que estaba sentado junto a él y nos dice que se fue para el consultorio de oftalmología. Corremos y lo encontramos bien sentado, esperando su turno para ser atendido.
Sergio es un matsigenka clásico. Habla castellano, pero su vida se desarrolla totalmente en el bosque y el río amazónico, así que sus habilidades citadinas son limitadas. Tiene una peculiaridad: camina ajustando los ojos cuando hay mucho sol. Al parecer, prácticamente está ciego, pero se las arregla.
Resulta que el oftalmólogo lo vio paseando por el sol con los ojos achinados y le preguntó si veía. Sergio le dijo que poco, que no puede ver bien cuando hay sol. Así, el doctor lo invitó a su consultorio para medirle la vista, sin costo alguno. Sergio, ni corto ni perezoso, acudió a la invitación.
| Sergio y el oftalmólogo tratando de conocerse a través de los aparatos |
Lentes
Cuando visité la Misión de Shintuya, hace tres semanas, el padre César me contó la historia de un matsigenka casi ciego a quien le regaló unos lentes de sol. El matsigenka estaba tan aliviado con los nuevos lentes, que los usó todo el tiempo. Pero la gracia no le duró mucho. El trajín del bosque y del río no soporta cualquier cosa sujetada débilmente a la cara, así que los lentes se perdieron pronto. Ese matsigenka del que me habló el padre César, resultó ser Sergio.
Entonces, ahora que lo tenía cara a cara, le pregunté qué había pasado con los lentes que le regaló el padre. Me dijo que se le habían perdido. Le pregunté cómo. Me dijo que en el río, que se los había llevado el río mientras se bañaba. Pero a ver, ¡a quien se le ocurre bañarse en el río con los lentes de sol puestos?
Le pregunté a Sergio cuánto tiempo le duraron los lentes. Me dijo que casi un mes.
Yo me reí a gusto por casi una hora. Es que en mi cabeza no cabe un matsigenka del bosque y del río andando, pescando, nadando, cazando y cultivando la chacra con lentes de sol. Eso solo pasaría en una película de ciencia y ficción.
Donación
El oftalmólogo le quiere donar lentes a Sergio, pero estarán listos en tres días. Le hace algunas pruebas de medición pero no puede, los ojos de Sergio están tan inflamados que toda prueba es inválida. El médico le regala antinflamatorios y le dice que regrese mañana a las 3:00 pm, que no le cobrará nada.
Le digo al médico que si quiere donar, entonces tiene que buscar unos lentes guerreros, irrompibles y que se sujeten a la cabeza de Sergio con candado; algo así como los lentes para buceo, porque, caso contrario, los lentes de formato intelectual citadino no durarán mucho en el trajín del pescador, cazador y agricultor amazónico.
Dilema
Dado que Fredy está bien y ya puede irse, y que Sergio no está tan bien y tiene que quedarse, entramos al dilema del tiempo = dinero = oportunidad. Hago las consultas del caso al padre César y decidimos que ambos se quedan. Sergio debe obtener sus nuevos lentes. La escuela deberá esperar para Fredy.
Pero el dilema es nuestro. A Fredy no le importa quedarse un día o un mes en Cusco, total, como dice él, "se puede igualar" si se atrasa en sus cursos.
Sergio sí que mostró preocupación por los días que Fredy está perdiendo al no ir al colegio. Eso me sorprendió. En algún momento Sergio dijo: "Fredy tiene que regresar sino perderá sus clases". Yo no podía creer que tales palabras de preocupación salieran de un matsigenka del bosque y del río. Pero Fredy, al escuchar la preocupación de su padre, solo repitió su frase favorita: "me puedo igualar papá". La inusitada preocupación de Sergio acabó allí mismo.
Padre e hijo
Fredy, de 12 años, es bastante independiente. Hace cosas sin pedir permiso a su padre. Es curioso y pregunta sobre lo que no conoce y también sobre lo que sí. Me mira con una sonrisa y quiere explicaciones de lo que ve. Está atento a lo que dicen los médicos y sigue sus consignas con habilidad. Solo habla con su padre o se acerca a él para aclarar algún mal entendido. No hay ese afecto meloso en ambos; es más bien una distancia prudente que puede interpretarse como indiferencia. Yo lo veo como independencia.
El padre igual, deja ser a su hijo. Guarda su distancia y está allí, en la Clínica, acompañando a su hijo solo por la formalidad de ser su padre. Solo una vez me preguntó, luego de pasar por los consultorios, qué le habían encontrado a su hijo, pero su pregunta fue tan sutil que nadie se dio cuenta, especialmente su hijo. Sergio se preocupa por su hijo, quiere saber si tiene algo, pero no es el padre desesperado o ansioso, sino es el sobrio y tranquilo, pausado y paciente, tanto que parece despreocupado. Yo lo veo como un amor filial a distancia.
Resultados
Fredy, luego de tres pruebas y dos consultas, no tiene nada. Está normal. El desmayo que sufrió fue el producto de una conmoción cerebral. La patada en el cuello fue tan fuerte, que removió el cerebro y éste se receteó por cuatro horas. Al parecer, lo único que se fregó Fredy fue su peinado de gallo altivo.
El tema es Sergio. Gracias a la perspicacia y solidaridad del oftalmólogo, Sergio tendrá nuevos lentes. Veremos.
El sistema de salud
Luego de haber paseado todo el día por el hospital y la clínica con la gente del bosque y del río, requiero decir algunas cosas sobre el sistema de salud. En algún momento de la travesía hospitalaria me pregunté si fue necesario traer a Fredy y a Sergio hasta el Cusco, ya que el asunto, pienso, se hubiera solucionado con una soplada de tabaco y una icareada del séptimo nivel. Mi cuestionamiento surgió por dos razones: la evidente tranquilidad de Fredy y la complejidad con que funciona el sistema de salud. En el primer caso, Fredy, como dije, estaba más preocupado por su peinado que por su salud. Estaba más preocupado en conocer todo lo que la ciudad del Cusco le ofrecía. Su visión de salud es distinta a la nuestra. Él es despreocupado y nosotros estamos preocupados por él. En el segundo caso, es evidente el colapso del sistema de salud público y la rudeza con que te trata su burocracia y su gente. En la clínica las cosas no cambian, porque si bien el edificio y la gente son más bonitos, los aparatos sofisticados y los precios te comen. El sistema de salud moderno me parece tan rudimentario. Sin sus aparatitos y reactivos, su método científico no es más que mera suposición.
Percepciones
A nosotros nos agobia la situación de salud de la gente del bosque y del río, más aún cuando están bajo nuestra responsabilidad, como es el caso de Fredy. Pero, la gente del bosque y del río tiene una escala distinta sobre la salud. Sí, se preocupan por su salud y por la del prójimo, pero no están obsesionados con ella. Quiero decir que, si bien tratan de sanarse y hacen lo posible por hacerlo, llega un punto en el que se aburren, entonces sobreviven como pueden o se dejan ir.
¿Qué hacemos nosotros frente a ello? Ponemos a su disposición la medicina y la institucionalidad moderna, la que, por cierto, y según mi experiencia, tarde o temprano también los aburre.





Comentarios
Publicar un comentario