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Las de Shipetiari se van. El niño se queda


Cusco, 31 de agosto de 2022, día de San Ramón Nonato

Va el reporte del RN de Shipetiari que está en el Cusco hace dos semanas. Vino acompañado de su mamá, su abuela y una prima. Hoy fue un día crucial para él y las sororas que lo acompañan. El pronóstico es reservado.

Fecha límite

Han pasado dos semanas desde que el niño de Shipetiari llegó al hospital Regional del Cusco. La paciencia se acaba para Alicia, la abuela. Está cansada del frío y se aburre. Todos los días me dice que ya se quiere ir. Ha dejando mucho en su casa y eso la tiene inquieta. Además, el niño, que en un primer momento mostró mejoría, ahora resulta que ha recaído. El tiempo puede pasar como mejor le parezca, pero dejarse llevar por él, especialmente cuando estás lejos de casa, sería vano. Hoy tenemos que decidir qué hacer. 

Decididos

Decidimos ir todos al hospital Regional: Alicia, Maribel, Rubí, Vilmanuel y yo. Toda una comitiva para evaluar el alta voluntaria del niño. Pero, primero, debemos esperar el informe médico para tomar una decisión. Vamos enfilados rumbo al tercer piso del hospital, al área de neonatología. Vamos decididos.

La fuerza del sororato

La misa

Llegamos a la sala de estar del pasadizo y nos damos con la sorpresa de que se lleva a cabo una misa. ¿En medio del pasadizo? ¿Acaso este hospital no tiene una capilla? (ciertamente no la tiene). Resulta que hoy es día de las obstetras, así que ellas organizaron la misa en el piso donde trabajan. En vez de regocijarme con la presencia del sacerdote y la palabra de la Buena Nueva, pensé ¿cómo va a ser una misa en un día y en un espacio laboral? 

Compasión

Mientras Mariluz y yo esperábamos en el área de neonatología, junto a otros familiares de otros niños, se coló a nuestros oídos el Padre Nuestro de la misa. En automático, todos nos persignamos y declaramos la oración que Jesús nos enseñó. Exactamente, luego del Padre Nuestro, se acercó a Maribel una joven, casi tan joven como ella, y le alcanzó S/. 10.00 soles. Le dijo algo que no logré escuchar, así que inmediatamente acerco mis orejas y le digo:  
--Hola hermana --le hablo mientras rebusco mis bolsillos--, ¿quieres sencillo? Yo creo que tengo sencillo de diez soles por aquí.
Pensé que la joven le estaba pidiendo a Maribel que le cambie diez soles en monedas. Pero no, el asunto era otro. 
--No, no, no quiero que me cambie --me responde la joven--, le estoy dando esta plata para ella, es para ella, yo sé lo difícil que es. 
Maribel, sin mostrar mayor admiración o desconcierto, envolvió el billete con su mano y no dijo nada; es más, creo que la expresión de su rostro no cambió para nada. Fue como si le daría igual recibir 100 soles, 500 soles o nada. 
Yo estaba impactado. No había visto tal desprendimiento desde hace mucho tiempo. Me conmovió. La misa improvisada en un día laboral terminó tocando el corazón de esta joven, quien, luego del Padre Nuestro, sacó diez soles de su bolsillo (todo lo que podía dar, supongo) y se acercó a Mariluz y le dio el billete. Luego se fue sin recibir ni gracias. Con las justas aceptó mi bendición. 
El acto, sublime por cierto, me hizo recordar dos cosas: el amarás a tu prójimo como a ti mismo, cuyo mejor ejemplo es el buen samaritano, y la viejita que saca todo lo que tiene de sus bolsillos para dar el diezmo en la misa, a diferencia de los fariseos, que dan grandes sumas solo para aparentar. Hoy, esa viejita que dio todo lo que tenía, apareció en el pasillo del hospital. Hoy, el buen Sam, salió de la nada para meter la mano a sus bolsillos por el prójimo. 
Así que mi querido lector o lectora, si quieres donar a nuestra causa, si vas a firmar un cheque o quieres realizar una transferencia bancaria para este voluntariado, por favor hazlo después de escuchar la misa, especialmente después del Padre Nuestro... 

Haga la transferencia nomás, no se amilane

La opinión médica

Logro hablar con el médico de turno. Le digo que los familiares quieren pedir el alta voluntaria del niño. Se preocupa. Me dice que espere, que luego nos atenderá. 
Esperamos un buen rato y luego nos dice: "pasen los tres". Se refería a Alicia, Maribel y a mí. Vilmanuel se fue a atender a otros pacientes. Mientras nos guía donde el bebé, nos recalca: "por favor atentos, porque voy a hablar solo una vez". Llegamos a la habitación donde está el niño y nos aborda la médico interna. Es una joven cálida e inteligente. Su traje blando y su voz inocente le dan cierto halo angelical (¡esa misa me ha afectado mucho!), a diferencia del médico, que parece un fauno.
La médico nos recita sus apuntes: el bebé tiene esto y aquello, se le hicieron pruebas aquí y allá, se requieren más pruebas por aquí y por allá, vendrán más especialistas de aquí y de allá. Ella termina con su informe y el médico, con un tono de réplica, nos dice: ¿entendieron? ¿quedó claro? Yo abro los ojos grandasos (me quedé estupefacto tanto por el informe como por la reta del médico) y Alicia mueve la cabeza varias veces como diciendo "no entendimos nada nadita". 
--Bueno --dice fauno--, el asunto es que sería antiético darle de alta a este bebé, porque si sale de aquí, al rato se nos muere. Así que no podemos darle de alta. Además, tiene que pasar por más análisis y especialistas todavía. 
--Pero doctor --le digo siguiendo el pensamiento de Alicia--, el niño tiene salvación si o no. 
--Pues.... (lo piensa un poquito) el pronóstico es reservado. Si pasa por todos los exámenes y operaciones que estamos programando, las secuelas serán graves y, por tanto, el pronóstico también es reservado. 
--¿O sea doctor, da igual si nos lo llevamos ahora o después?
--Mmmm, mmmm, mmm... (mientras piensa, el médico se ilumina, ahora parece un Arcángel)... pues sí, da igual, el final será el mismo, con pronóstico reservado. 
--Bueno doctor --le digo--, el asunto es que estas personas ya no se pueden quedar más tiempo en Cusco, ya se quieren ir. 
--¡Ah pero bueno! ¡No es necesario que vengan todos los días!
--¿Y la leche materna?
--No hay problema, se usa fórmula.
--¿Entonces pueden venir una vez al mes?
--Tampoco exageres pues muchacho, por lo menos que vengan cada quince días.
Alicia y yo nos miramos. Inmediatamente asentimos. 
--Pero tienen que dejarme un número telefónico para coordinar --termina la frase el Arcángel--.
--Sí, que sea el suyo señor --interviene el ángel de blanco, dirigiéndose a mí. Mis ojitos brillan--.
--Ya pues, chévere --respondo, y al mismo tiempo dejo mi famosa tarjeta de presentación--.
Antes de salir, Maribel y Alicia observan al niño. Maribel, partida en dos, se despide de su hijito. Pero no veo expresión alguna de dolor o desprendimiento en su rostro, solo lo mira con ternura. Me di cuenta que se partió en dos luego, cuando estaba por subir al auto que la llevaría a su comunidad, porque me dijo: "hermano, me envías foto de mi hijito". Su tono de voz fue grave, entrecortado, no por el llanto o la pena, sino por un insoportable dolor de estómago. La niña-mujer, literalmente, se estaba partiendo en dos.

Sin comentarios

Partida

Salimos del hospital, almorzamos en la Casa del Vicariato, recogimos las cosas y nos fuimos al terminal terrestre de la empresa "Corazón Serrano". En un zas, las tres sororas estaban en el carro, rumbo a Salvación. Estuvieron dos semanas en el Cusco, soportando todo por una ilusión, la de recuperar la salud del niño. Hoy, esa ilusión terminó.

Las sororas en el auto, antes de salir hacia Salvación

Zapatillas

Antes de imbuirnos en el trajín de la partida, fuimos a un centro comercial a comprar zapatillas para Alicia y Mariluz. Pasa que ellas fueron al hospital con sus sandalias, sin medias, mostrando sus pies amazónicos a todas las madres, padres y personal de salud del área de neonatología. Les pregunté si sentían frío y les cuestioné por qué no se habían puesto las medias que les compré. Ellas me dijeron que sí sentían frío, pero que no se pusieron las medias porque estaban lavadas. Rubí sonríe, porque es la única sorora que lleva medias y zapatillas. ¡Ay, la muy citadina!
Entonces me dije: "no, voy a comprarles zapatillas inmediatamente". Maribel aceptó la idea, pero Alicia no, me dijo que si usaba zapatillas se iba a caer o tropezar. Rubí intervino y habló en matsigenka con su abuela. Luego Alicia me dijo: "ya está bien, me pondré las zapatillas". Evidentemente, Rubí le dijo a su abuela: "mamá, que te compre nomás, aunque sea luego te las quitas". No sé matsigenka, pero el mensaje fue más claro que el agua. No es necesario saber matsigenka para conocer el corazón de la gente del bosque y del río. 
Bueno, resultó que Maribel, Alicia y Rubí, terminaron caminando por las calles del Cusco con zapatillas nuevas. Al medio iba Alicia, agarrada de los brazos de Maribel y Rubí, maniobrando con su equilibrio, porque no podía caminar bien con esas cosas gruesas, torpes e inestables que dicen llamarse zapatillas.

Cambiaso. En la ciudad, sandalias por zapatillas


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